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06 ABR

Reseña: "Fuego Disuasorio" de LGR

"No olvido que un incendio también ilumina"
Reseña:

"Fuego disuasorio es una explosión de ira, del bueno de la película perdiendo la cabeza, pero perdiéndola sin perder su ADN, por eso después de coger un arma decide que sus disparos sean al aire. [...] Disparo al aire, para que te asustes, para que te marches, pero no para hacerte daño". 


El párrafo citado al inicio es parte de la contraportada del último libro de LGR, álter ego de Raúl Ligero, nacido en Barcelona con 25 años y dos libros publicados. Entre poemas en prosa y rima, LGR nos pasea por tres actos y 59 poemas, decorado con un prólogo de una de mis personas favoritas, la escritora y librera Mamen Monsoriu, con una impecable edición de Coral Ruiz Chica e ilustraciones de Carla Mestre Martín. Si no has visto aún el booktrailer del libro te recomiendo que pares de leer y vayas a su perfil de instagram, eso sí, luego continúes leyendo la reseña, por favor. 


"A mis hijos no les enseñaré a despedirse con dos besos. Les enseñaré a despedirse con una explicación".


Entre sus páginas podemos ver a un escritor con el corazón abierto, un corazón herido de gravedad pero a la vez un corazón inmortal. "Moría con las botas puestas si se ponía las botas al quitárselas".  Mientras leía recordé al filósofo y ensayista español Ortega y Gasset, y su teoría del perspectivismo, que sostiene que la visión del mundo de cada individuo depende de su perspectiva personal, de su punto de vista y circunstancias. Fuego Disuasorio es el punto de vista de LGR, sobre la vida, el amor, las experiencias, las amistades y las decepciones.  "No hay mayor arrepentimiento que no dar lo suficiente", una frase que pertenece a un poema de esta obra. Por ello no hay una sola verdad, somos marcados por nuestras experiencias y depende de nosotros mismos aprender de ellas. Por eso evolucionamos y cambiamos de perspectiva, por eso hay amores que pasan y se van con la misma fuerza o amores que amenazan con ser para siempre. Nos paseamos con poemas cargados de seducción, de experiencias, de vida. Es genial encontrar en personas tan jóvenes como LGR, tanto sentir, creatividad y la valentía de expresar con letras, sentimientos reales y honestos. 


"He creado un submundo. Riendo de lo triste, llorando de lo absurdo". 


En sus palabras: es un libro para aprender a decir que no, a poner límites y no permitir que abusen de ti.

Para mí la mejor guerra es la que no se lucha, la que se evita, a veces es la que más duele pero de la que saldrás victorioso siempre, porque diste lo mejor de ti, porque las heridas nos las hicimos nosotros mismos, amando sin medida y atando con un hilo de confianza a personas incorrectas, que lo terminan rompiendo, sin descubrir, gracias a nuestra partida que tenemos mucho más para seguir queriendo y confiando, que solo los valientes aman sin miedo y sin chaleco antibalas, pero aprendiendo, de cada experiencia cuando es el mejor momento de marcharnos y al final, aprender a retirar hasta la última gota de amor, sin perder la dignidad y levantando la frente mirando al futuro. 


"Me quedé manco de tanto dar a torcer el brazo, / eché el ancora dispuesto a decidir, / si cierras una puerta y se vuelve a abrir / es porque hay puertas que solo se cierran de un portazo. / Antes de que me derroquen busqué el enroque / pero caí en jaque al parpadear en tus pestañas, / me agarraste la mano como si fuese una liana y dijiste: recorramos este bosque".


Hace unos días, leí una entrevista a Milena Busquets, y en mi libreta escribí esta respuesta que me identifica mucho: "Huir de la gravedad de la vida es imposible. En cambio puedes elegir una cierta alegría de vivir, una cierta frivolidad. Lo que podamos elegir, elijámoslo, porque de todos modos vamos a sufrir". Para poder aprender a decir no, a poner límites, a dejar de abrir el pecho y recibir disparos; hay que primero haber recibido, elegido, vivido el dolor en su máxima expresión. Saber lo que no se quiere es la clave para querer mejor, por eso en mis escritos voy en contra de la gente que evita vivir, que evita llenarse de lodo hasta las rodillas, que guarda sus miedos en un cajón e intenta jugar con personas que están dispuestas a sentir y amar y crecer, que están dispuestas a elegir y seguir eligiendo hasta lograr sentirse amados de forma recíproca. En la poesía de LGR veo mucho de esto, de lo que defiendo con ahínco, de amar sin medida como dosis perfecta, pero aprender a amar bien, amar bonito y saber cuando es el momento de irse porque no te aman de la misma forma. 


"Coge una piedra, lánzala al mar / e intenta que antes de hundirse rebote en el agua tres veces, / ahora ponte en el lugar del mar, / ha tropezado tres veces con la misma piedra".


LGR un poeta con complejo de Jack Sparrow, un chico incienso con un corazón gigante, "porque me voy consumiendo dejando el recuerdo de que estuve aquí", que carga dentro de su maleta de Pulp Fiction infinitos juegos de palabras, un valiente de la autoedición. 


"Contigo aprendí que el mejor trabalengua / no es ese que hace que te equivoques de palabras / si no que te quedes sin ellas y te tiemblen las piernas"


Al final del poemario me topé con dos cartas en cuarentena, rescaté esta frase de una de ellas: "...cuántas promesas se están haciendo estos días y cuántas se van a cumplir". 

Gracias por este libro, un libro de esos que se quedan en tu mesilla de noche y tomas una que otra madrugada en la que deseas volver a ti, inspirarte, tomar fuerza, escribir o simplemente para recordar que todo pasa. Aunque si lo escribes, pasa mucho más rápido, así como dice Raul: "...escribir es aceptar y normalizar lo que no quieres", que salga de ti y que deje de doler, para seguir viviendo. Y continuar. 

 

 

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